A un forastero que se acerca a Jackson Pick [Geovannys Manso]

Si vas a Jackson Pick, pregunta por mi madre. Dile que he vagado por las altas tierras del sur en busca de alguna sabiduría y que, salvo lentas lloviznas alimentando estas praderas y el torpor en la sangre de los ancianos, poco he hallado que pueda traducir con palabras.

Si vas a Jackson Pick, la encontrarás en la barranca del río, muy cerca del atracadero, de donde partí hace seis otoños. Yo era un joven afable que vio morir a su padre en la última gran guerra y no encontró sino penumbras en su casa. De allí salí una mañana: sin decir adiós, con algo de pan en mis alforjas y el raudo deseo de explorar la tierra.

La hallarás callada, mirando el cauce, recitando algún cántico andaluz o bretón que escuchó de sus ancestros, llegados a Jackson Pick hacia 1649. Sus manos estarán abiertas. Al centro de su mano derecha, encontrarás una flor; al centro de la flor, un pistilo; al centro del pistilo, el humo que exhaló mi padre la mañana de su muerte. Su cabello largo y trenzado estará cubierto por un pañuelo, blanco como la sal.

Dile que le envío estas nueces, estos arabescos, estas canciones. La verás sonreír y te invitará a su casa y te pedirá narrar cada instante, cada palabra, cada gesto que hayas cruzado conmigo.

Negarás mi cicatriz y mi tristeza. Negarás la arruga de mi sien. Dile que soy un hombre bello que aún deambula por el mundo; que huyo de todas las guerras; que escapo de todas las lunas.

Si vas a Jackson Pick, no olvides abrazar a mi madre, forastero.

De Herejías de Jackson Pick, en prensa