Será un atardecer como éste, será este mismo y en la Chiesa de San Miniato al Monte querrás saber, adivinar de dónde, desde qué voces invisibles llegan estos cantos que sé, que sabes que tus sentidos no inventan; sonidos que suavemente me van penetrando, que invaden serenamente tus oídos, tus ojos que soñarán esas figuras blancas allá abajo, como brotadas del fondo de la tierra, de la piedra sin tiempo y con historia sosegada.

Será un atardecer, será un atardecer mismo, te llevaré, me llevarás, dame tu mano y caminemos por las venas del mármol hacia el sol, desde los cantos hacia el canto del sol final sin fin, sin vida parada, palpitante en las torres al sol último, que estás viviendo allá donde viví tu vida.  

Aurora de Albornoz, “Canciones de Guiomar”