Lyrica 500 mg. [Andrea Cabel]

Era un día de tantas lyricas, uno con luces en el cielo y sonidos comiéndose al mar.
Yo hubiera querido ser una ventana
o una letra escribiendo tu nombre en cualquier pared.
Hubiera querido ser tantas cosas,
y solo fui esta palidez inexplicable
este supuesto vientre sosteniendo el tendón de tu dedo meñique
esta supuesta llamada a media noche esperando tus dientes callados.

Mientras no estás, las casas en Craig se llenan de copos morados de papel,
copos que miran tus botas rojas
tus botas rotas pisando el frío
pisando el día que amanece al otro año
con velas y maullidos dispersos, con papeles impresos que dicen cualquier cosa.

—Tu boca y tu nariz: espacios intersectándose imprecisamente—

Quería darte la sombra de este objeto
la boca de este ojo que estalla, el cielo de este animal que te ha buscado
que se ha peinado con saliva
y que soñando con algún silbido
ha cruzado esa pista gigante, sin luz, esta pista que lleva al fin del mundo,
por donde las setentayunos as y ces, desprenden su pulpa para quemar un sueño.