Reseñas: Juan Carlos de Lara Ródenas, Depósito de objetos perdidos, Premio Leonor, Diputación de Soria, 2015 [Rafael Núñez Rodríguez]

La literatura en Huelva tiene una saga de poetas interesante. El pequeño microcosmo que supone la poesía producida en la provincia de Huelva, ha poseído grandes nombres propios ocultos en sus límites provinciales, los Lara son buenos ejemplos. José Manuel de Lara es el gran iniciador de la saga, ha sido referente ineludible en la literatura onubense desde alrededor de los años sesenta. José Manuel le entregó a su hijo un legado poético con gusto por el verso, la sensibilidad y la poesía libre de etiquetas de época. Todo ello fue constatado por el jurado del premio Leonor 2015, otorgado por la Diputación de Soria, a su poemario Depósito de objetos perdidos.

Decíamos que la poesía contemporánea se pierde en etiquetas y corrientes varias. Casi nadie hace poesía sin más, poesía sin epítetos. Poesía nada más que eso. Me refiero a esa lírica que habla de temas universales y que por su ejecución podrían ser enseñadas en cualquier escuela. Pues bien, Juan Carlos de Lara se ha dedicado a ella, sin grupo literario, sin movimientos pseudo-poéticos donde llamar la atención. Profesor de instituto, enseña literatura y se dedica al solitario trabajo de escribir. Si la literatura ha sobrevivido a los bárbaros, los fundamentalistas y todas las desgracias humanas es porque supo esconderse de la masa. Ya decía Fray Luis en su «Oda a la vida retirada» y aquel otro del 27, qué alegría vivir en los pronombres. Vivir amando la literatura y sabiendo cultivarla con calma, sin prisas, con ojo de buen artesano.

Así es Depósito de objetos perdidos, un poemario hecho en soledad amena, silencio y sosiego. Algunos de los poemas como el titulado «Uno de agosto del setenta y tres» nos muestra un fragmento de su memoria, un pequeño tramo de su nostalgia. Destaca la claridad con la que recuerda, la lucidez que le lleva desde el dato real, una fecha, una fotografía al recuerdo evocado. Roland Barthes en su libro La cámara lúcida1. Mencionaba como toda fotografía tiene un aguijón, que nos perfora, hiriéndonos. Precisamente, la «voz de vinilo» causa que esa herida, que trasforma «En un ángulo muerto de la fotografía/ hay una sombra triste como un tango», convirtiendo la muerte, la nostalgia y el tiempo pasado en dos versos, que resonarán en la memoria de cualquier lector curioso. Decíamos que la nostalgia es el elemento transformador de este poemario. Otro poema titulado: «Fue justo en ese instante de la tarde» el instante se convierte en una epifanía que sublima la experiencia vital en poesía. Transformando «los recuerdos, las sombras y no sé si algo más» en una experiencia inefable, o bien «la piedra que me diste es hoy este poema». El lector curioso podrá observar cómo ese «no sé si algo mas» tiene ese eco lejano sanjuanesco y esa experiencia transformadora de la poesía. El autor tiene claro «que el tiempo es la memoria» y la poesía un arte transformador, aunque solo sea dentro del poema.

Su autor no es habitual de saraos, presentaciones, eventos varios y fotos a mares. Cuesta trabajo encontrarlo, no tiene ese ego de escritor provinciano y limitado poéticamente por la linde comarcal. Tampoco habla con ligereza sobre poesía. La conoce y la cultiva, la enseña y la recrea, receptor de la tradición clásica y generador de poesía contemporánea, sin etiquetas ni modas, insisto. Esa es la buena noticia del poemario aquí reseñado.

Sin embargo, las siguientes líneas no van referidas sólo a Juan Carlos de Lara. Más bien, a otros escritores como él, que renunciaron a las banalidades literarias, se apartaron de la ruidosa senda de saraos provinciales. Crean, publican, enseñan y cosechan: Literatura. Aunque en tanta soledad, que quedará para alguna venidera rata de biblioteca. En este sentido, a ese tipo de escritor habría que exigirle un grado de responsabilidad civil. Ya vale de estar tan lejano del epicentro literario, tan lejano que sólo se oye su eco a través de premios como este. Esa lejanía nos hace sospechar que tienen una especie de miedo a la luz del sol. Esa lejanía permite que cualquiera ocupe espacios de difusión literaria, provocando que algunos jóvenes recién llegados puedan confundir el trigo con la paja, es decir, la banalidad con la seriedad y el rigor. Todos caben, siempre y cuando, hayan buenos ejemplos que sirvan para guiar a los más inexpertos.

Crear en soledad no debería ser sinónimo de no dejarse ver. Crear en soledad, sí, pero con responsabilidad y haciéndose notar en ciertos contextos literarios. Autores como Juan Carlos de Lara y otros que no nombraré, tienen la responsabilidad de crear escuela, ser aún más cercano a las generaciones futuras, poner en su sitio a ciertos díscolos con afán de aplauso fácil y portada de periódico. Sea como fuere, Huelva necesita de modelos creativos firmes, no de modas lejanas y residuos culturales extraídos de otros continentes. Esos modelos se acaban, ese lenguaje caduca y fermenta, abriendo paso a degradadas imitaciones. Sin embargo, el modelo de la excelencia literaria siempre hace crecer las ramas eternas de la Literatura. A la saga Lara me remito. Buena lectura.

1Barthes, Roland: La Chambre Claire : Note sur la photographie, París: Galimard, 1980 [La cámara oscura. Notas sobre fotografía, Madrid: Paidós, 2009]