Reseñas: Mário de Sá-Carneiro: historia de un hombre insatisfecho [Manuel Vicente Rodríguez]

En abril de 2016 se cumplieron 100 años desde que el poeta portugués Mário de Sá-Carneiro se quitase la vida en una pensión de París. Nacido en 1890, Sá-Carneiro siempre fue un hombre insatisfecho con todos y con todo, lo que le hizo explorar y encontrar en la poesía su mejor definición y, tal vez, en su propia medida, su breve satisfacción de lo que podría haber sido su vida con temas como la soledad o el amor, muy presentes en su obra.

Huérfano de madre desde muy joven y con un padre siempre ausente, Sá-Carneiro buscó en la literatura lo que la vida le negó. Su actividad literaria empieza muy joven, primero con la publicación en la revista Azulejos (1908) y posteriormente con la obra de teatro Amizade, elaborada junto con su compañero de estudios Tomás Cabreira Júnior. A ésta le seguiría su obra de relatos Princípio (1912) donde se encuentra «Loucura», quizás una de los textos de Sá-Carneiro más traducidos al castellano. Además de Princípio, en los años siguentes nuestro autor publicaría dos obras más de narrativa: A Confissão de Lúcio y Céu em Fogo.

Aparte de por su prosa, Sá-Carneiro, el fundador de la mítica revista vanguardista Orpheu, junto con su amigo Pessoa, es conocido por su poesía. Una poesía influenciada por todos los ismos entre los que se movía durante su estancia en la capital francesa y que supo transmitir a través de sus poemas y de una abundante correspondencia epistolar que mantuvo con Pessoa.

Sá-Carneiro publica a finales de 1913 su primer libro, Dispersão, la única obra poética que nuestro poeta vería publicada en su totalidad, ya que su segundo libro de poemas, Indícios de Oiro, se publicaría en un único volumen, en 1937 por la editorial presença. Sin embargo, algunos de los poemas de este libro ya habían aparecido en los dos números de la revista Orpheu, es decir, en marzo y junio de 1915. Además de estas dos obras, podemos destacar también sus poemas de juventud que, hasta ahora, han quedado fuera de la poesía de Sá-Carneiro traducida al castellano.

Del primer libro me gustaría destacar dos poemas que reflejan muy bien la insatisfacción del autor con su vida; por un lado el poema que da nombre al libro, «Dispersão», donde refleja su propia distancia con el mundo, su necesidad de búsqueda a la vez que se forja su propia persona. La inquietud por su vida y su destino aparece perfectamente reflejado en unos versos que se encadenan unos tras otros tratando de explicar su soledad y su ausencia de un mundo que parece no necesitarle, así señala: «Me perdí dentro de mí / porque yo era laberinto, / y hoy, cuando me siento, / es con saudades de mí». Esta nostalgia del tiempo pasado se vuelve hacia él como un continuo del que ya no espera nada y al que tristemente se siente abocado, sabiendo que su tiempo es el presente sobre el que construye su realidad: «Para mí es siempre ayer, / no tengo mañana ni hoy: / el tiempo que a los otros escapa / cae sobre mí hecho ayer». El mismo deseo de inquietud y nerviosismo lo describe también en «Remolino», cuando señala: «Dan vueltas dentro de mí, / en remolino, en ovillos / milagros, aullidos, castillos, / horcas de luz, pesadillas, / altas torres de marfil. // Ascienden hélices, rastros… / y a lo lejos se filtran los soles; / hoy promontorios, faroles, / se levantan estatuas de héroes, / ondean lanzas y mástiles». Este espíritu derrotado lo encontramos en su poema «Decadencia», donde añade: «Y yo que soy el rey de esta incoherencia, / yo mismo torbellino, anhelo por ubicarla / y giro hasta partir… pero todo se me escapa / en bruma y somnolencia».

De Indícios de Oiro se publicarán en los números de la revista Orpheu los siguientes poemas: «Taciturno», «Salomé», «Nossa Senhora de Paris», «Certa Voz na Noite», «Ruivamente», «Distante Melodia» o «Apoteose», entre otros. De este libro me gustaría destacar uno de sus poemas más famosos y que estructura perfectamente la dualidad que sufre a lo largo de su vida entre el deseo de ser y la desgracia de estar: «Yo no soy yo no soy el otro, / Soy cualquier cosa de intermedio / Pilar del puento del tedio / Que va de mí hacia el Otro». También en Indícios de Oiro se vislumbra el hastío y hartazgo por su vida, en versos como «La tómbola va deprisa, / ni sé cuándo se va a parar— / adónde, poco me importa; / lo importante es que pare… / —Mi vida no cesa / de ser siempre la misma puerta / eternamente temblando…».

En definitiva, este año de 2016 es una oportunidad para recordar a un poeta que vivió y murió para las vanguardias dejando una obra poética en el límite de la insatisfacción personal, pero con una elevada cohesión literaria reflejo de su propio sufrimiento.