Retrato de Rafael de Cózar [Víctor Jiménez]

En Tetuán vio la luz
de aquellos primeros vuelos.
Después, el mar y los cielos
del litoral andaluz

al aire de la Caleta.
De tan salado esplendor,
soñaba con ser pintor
y, quizás, también poeta

Y llegó la Marejada,
con Palacios y Ripoll,
bajo los rayos del sol
o en la loca madrugada.

En esa mitad del mundo,
mosquetero siempre en guardia
luchando por la vanguardia,
tan fiel a Carlos Edmundo.

Y se vino, cierto día,
desde el mar a la Giralda,
tal vez detrás de una falda
o por la Carbonería.

Y, de todas las Sevillas,
eligió –razón de humor-
la que rimaba mejor
con sus gafas y patillas.

Y fue Don Juan de Vandalia,
de guiri en guiri, furtivo,
monógamo sucesivo
hasta que llegó Natalia.

Daba clases de amistad.
La lealtad, ley de leyes.
Lo sabe Rogelio Reyes,
su hermano en la Facultad.

Personaje de Alatriste
que, jugándose la vida,
en mitad de la partida,
nadie jamás lo vio triste.

Lo sabe Pérez-Reverte
y Eslava también lo sabe:
la muerte robó la llave
de su hogar, la puta muerte.

Y de la ceca a la Meca
y de la Meca a Bormujos,
vuelan libros, como brujos,
buscando su biblioteca.

Más no todo está perdido.
Aquí sigue su obra en pie.
Y lo vemos. Y él lo ve.
Con él no puede el olvido.

Inédito

2 de junio de 2015