Todas las voces que soy yo. Los poemas reunidos de Andrea Cabel [Carlos Villacorta]

Cabel, Andrea: A dónde volver. Poemas Reunidos. Pittsburgh: Editorial Paroxismo, 2016.

En una década, la poeta peruana Andrea Cabel (Lima, 1982) se ha convertido en una de las escritoras más interesantes de la poesía peruana del siglo xxi. Con tres libros publicados, Cabel ha emprendido viajes a través de la materia del lenguaje poético que han ido moldeando su propia voz o, habría que decir, sus diferentes registros. A dónde volver, su último libro se nos presenta como una reestructuración de su poesía ya que no es una antología cronológica, sino una reunión y reordenación de sus diferentes trabajos.

El libro se divide en cuatro secciones. En la primera de ellas, «Retratos», la poeta se acerca al espacio familiar, al que se ha llamado muchas veces el primer lugar de socialización. En este espacio, son los rostros del padre, de la hermana, el de la madre y, por supuesto, el de la misma poeta donde la escritora busca un (auto)reconocimiento. «Éramos una guerra de espejos» afirma la poeta pues, efectivamente la subjetividad de toda persona pasa, primero, por ese espejo familiar donde uno aprende a reconocerse y no, donde aprende a construir ese lenguaje que lo acompañará para poder descubrir y nombrar el mundo que le rodea. En este lugar, la figura del padre aparece como aquel que enfrentado al mundo «tiene el rostro de un animal herido» y que en esa intensa soledad ha sabido moldear con sus manos de artesano la palabra poética: «Papá contiene en sus manos la madera que enmarca al mundo / la que transforma en escalera de ébano, redonda y perfecta como un poema».

La segunda sección, la más breve, es una selección de su poemario Uno Rojo (Lima: Colección Underwood, 2011). Cabel ensaya aquí su voz más teatral, la que poéticamente describe una relación amorosa sin narrador, solo con las voces de sus protagonistas significativamente llamadas «a» y «b». «La eternidad es una esquirla» es un texto desesperado que duele porque enfatiza ese presente que es la unión con el otro, y al mismo tiempo la pérdida, ese vaivén y ese vacío que compartimos y sentimos primero desde el cuerpo para verbalizar en un lenguaje que es siempre insuficiente. Ahí «el amor no es un modo de callar la mentira de las olas cuando llegan, mansas y llenas de centro».

«Fruta partida», tercera sección del libro, recoge en su integridad los poemas del mismo nombre aparecidos en el primer poemario de Cabel Las falsas actitudes del agua (2007). Aquí se pueden reconocer las influencias de los poetas Carlos Germán Belli y Jorge Eduardo Eielson. Como ha afirmado la poeta, en esta sección ella busca «las voces de la narrativa, ensayo voces de personajes, espacios, tramas, ensayo otro tipo de comunicación».

La cuarta y última sección da nombre al libro y, quizás, sea aquí a donde haya que volver en busca de claves de lectura de estos poemas reunidos. «A dónde volver» es una frase que ensaya al menos dos interpretaciones como apunta muy bien el poeta Eduardo Chirinos en el prólogo. Entre la pregunta y la respuesta que la frase sugiere, los poemas de esta sección incluyen textos de todas las etapas de la poeta incluyendo también inéditos. Efectivamente, todas las voces buscadas son en sí caminos de articulación de la experiencia de vida y de la experiencia del lenguaje. Si bien algunas asumen roles más protagónicos que otras en ciertas etapas, esto no implica la anulación o la caducidad de las otras. Las voces de la poeta, que se desarrollan cronológicamente, ingresan en el diálogo poético que este libro propone. Ya no desde el tiempo objetivo (aquel que remite al paso de los años), sino al tiempo subjetivo, al personal que Andrea Cabel reconoce y homenajea en este libro de poemas reunidos.

A dónde volver. Poemas Reunidos no solo indaga por el lugar a donde regresar sino por el camino recorrido entre ambos puntos. La poesía de Cabel, que como toda poesía intensa y honesta nace de la experiencia, comprende que su materialidad es el mismo lenguaje, esa corporeidad de ventanas abiertas y cerradas, de grietas y ladrillos, esa memoria que es principio y final y olvido. Un viaje para volver, otra vez, una vez más, a la poesía.